PUEBLA, Pue.— Cuatro siglos de historia, conocimiento y patrimonio se reúnen entre los muros de la Biblioteca Palafoxiana, que este 5 de septiembre conmemora 380 años de existencia como uno de los grandes tesoros culturales de Puebla y de América Latina. Fundada en 1646 por el obispo Juan de Palafox y Mendoza, la Biblioteca Palafoxiana es reconocida como la primera biblioteca pública de Latinoamérica y forma parte del patrimonio cultural de América Latina y el Caribe. Su arquitectura, integrada por madera, piedra y otros elementos originales, constituye también un testimonio material de la historia y del desarrollo del conocimiento en la región. Durante la conmemoración, el subsecretario de Cultura de la Secretaría de Arte y Cultura, Emilio Herrera Corichi, destacó el orgullo que representa para Puebla conservar un recinto de estas características y subrayó la responsabilidad de las nuevas generaciones de proteger este legado para quienes habrán de recibirlo en el futuro. Por su parte, la directora de Museos Puebla, Fernanda Cruz Domínguez, señaló que celebrar 380 años significa mucho más que recordar el paso del tiempo. “Hablar de 380 años no es solamente hablar de tiempo, es hablar de una historia que se ha negado a desaparecer”. La funcionaria destacó que la celebración permite reconocer las voces, los pueblos y las distintas formas de interpretar el mundo que conforman la memoria colectiva de Puebla. Preservar la biblioteca, dijo, significa también proteger la identidad y honrar la riqueza histórica y cultural del estado. Los pueblos originarios, protagonistas de la memoria Como parte de los festejos, la Biblioteca Palafoxiana alberga la exposición “La memoria viva de los pueblos originarios”, una muestra que coloca en el centro los conocimientos ancestrales, las tradiciones y la identidad de las comunidades indígenas. La exposición reúne el trabajo de la maestra artesana Pascasia Cecilia Jaime Lino, originaria de Hueyapan, quien presenta piezas elaboradas mediante técnicas tradicionales y teñidas con grana cochinilla. Además de contar con una maestría en educación superior y desempeñarse como docente, la artesana mantiene vigente su trabajo tradicional y reivindica con orgullo sus raíces. “Soy una mujer indígena y sigo trabajando con mi artesanía”, expresó. El especialista y curador de arte textil e indumentaria tradicional, Raymundo Fraga Valle, explicó que los textiles contemporáneos constituyen una auténtica memoria viva de los pueblos, pues en sus diseños permanecen conceptos ancestrales relacionados con elementos como el viento, la tierra, el agua y el fuego. El papel amate y una tradición que se transforma La exposición también incorpora piezas del artesano de papel amate Jorge Luis Santos, quien mostró el proceso tradicional para elaborar este material. De acuerdo con el artesano, producir una hoja lisa puede requerir alrededor de 12 días de trabajo, una técnica vinculada históricamente con la elaboración de códices y que actualmente encuentra nuevas formas de expresión en piezas decorativas. Los símbolos plasmados en estas obras remiten a espíritus y deidades locales, demostrando cómo una tradición ancestral puede transformarse sin perder sus raíces. Una biblioteca que también vive en las personas La celebración también dejó una reflexión sobre la importancia de preservar el conocimiento más allá de los libros. Para Pedro Pineda Palacios, originario de Chigmecatitlán y hablante de mixteco, visitar la Biblioteca Palafoxiana significó reencontrarse con parte de su propia historia al conocer un libro del siglo XVI escrito en su lengua materna. Al identificar coincidencias entre vocablos y representaciones numéricas de aquel documento con el mixteco que se habla actualmente, Pineda Palacios encontró un vínculo directo entre el pasado y el presente. Su experiencia llevó a una conclusión que resume el espíritu de la celebración: las comunidades también poseen una gran biblioteca en sus personas mayores, quienes conservan en sus palabras, valores y enseñanzas una fuente invaluable de conocimiento, sabiduría, cariño y humanismo. A 380 años de su fundación, la Biblioteca Palafoxiana demuestra que la memoria no permanece únicamente en los libros, sino también en las lenguas, los textiles, las artesanías y las historias que las comunidades mantienen vivas. Puebla celebra así un patrimonio que no solo conserva el pasado: también ayuda a comprender el presente y a construir el futuro. Compartir: